La fuga

sábado, 17 de enero de 2009

Podría hacer en cualquier momento algo devastador, sólo tendría que levantarme de esta silla, hacer un par de llamadas, quizás una nota manuscrita, comprar un vuelo y tomar un taxi, después os escribiré cartas a todos, cartas inocentes de esas donde el único mensaje es que os quiero, que os quiero mucho. Sería tan sencillo. Aparecer un día, meses o años después, en el periódico, con un cigarrillo emergiendo de una barba poblada, o recién afeitado, tomando un gin tonic en un bar de mala muerte, haciendo una entrevista por ser el personaje del milenio o simplemente por ser un personaje más. Lo que sea pero cambiar. Romper de golpe con todo lo que presuntamente está establecido, aquello que en cierto modo está destinado: estudiar, trabajar, jubilarse, morir. Algo así como una segunda vía, un descarrilar de todo eso. Huir de todo sin que nada te persiga. Vivir del cuento, en todos sus sentidos semánticos. El plan de fuga es tan sencillo que asusta. No hace falta siquiera darse prisa, no hay horarios en esta huída teórica. ¿Delinquir? Quizás. Lo que sea con tal de dejar todo atrás. Y un día nos cruzaremos por la calle, un día que diga: por qué no volver, y será todo tan triste, vosotros encarrilados y yo inmerso en esta revolución de una sola persona, y me diréis: te vimos en el periódico, y yo no sabré qué responder, así que me encogeré de hombros, nos tomaremos un gin tonic o algo y contaré alguna anécdota de mi vida, contaré mi vida entera como anécdota, como nota a pie de página de un sistema lineal, eso sucederá así, sí. Sería tan fácil. Sólo tendría que levantarme de esta silla.

Nieve

viernes, 9 de enero de 2009

Ya me había olvidado de ti, agua fría y blanda, yo que te vi tantas veces, que olvidé tus copos de algodón y te abandoné en un lugar más de la basura de la memoria, probablemente junto con mi infancia, cuando esta mañana apareciste de nuevo: me has perseguido hasta aquí, hasta Madrid, yo que me creía a salvo de tus abrazos, de tu forma de calarme los calcetines, yo que buscaba el calor de la polución te he debido arrastrar hasta aquí, y no te ha importado irrumpir en medio de los rascacielos, en medio de los atascos, no has dudado en teñir de tu esperma cada rincón y era demencial ver a la gente transformándolo en muñecos o lanzándose pedazos de tus lodos blancos a modo de munición. Sí, hoy me obligaste a refugiarme. Confiesa, puta, eso es lo que querías, pillarme desprevenido y enfrentarme con todo lo que he dejado atrás. Querías ver cómo me atrincheraba, y tú ahí fuera, gozosa, mientras yo cerraba todas las persianas de casa. Nunca nos hemos llevado bien, siempre me ignorabas desde el perfil de la cordilleras y cuando aparecías me relegabas al resbalón, al dolor morado en las manos, al vaho en el aliento. Sí, te odio. Eres asquerosa. Y has tenido la indecencia de atosigarme donde nunca te esperé. Jamás te lo podré perdonar.

McDonald's

miércoles, 7 de enero de 2009

Vive rápido. Come rápido. Muere rápido.

JFK

Le tocó a Melchor. Corona de oro, barba blanca poblada y sedosa, ojos de sabiduría. Sus manos enguantadas saludaban y repartían caramelos sobre los que los niños se abalanzaban y gritaban de éxtasis. No importaba que el termómetro marcase 0 grados centígrados o que las narices gotearan asincrónicamente su moquillo transparente, carámbanos en formación. Melchor, el primer rey mago, el que llevaba el oro, el que mejores regalos daba (salvo honrosas excepciones), estaba allí, sólo para ellos. Se agachó a coger otro puñado de caramelos y un golpe tremendo retumbó por el cielo. No se volvió a levantar. Sangre encima de los caramelos. La corona resbala de la carroza engalanada y cae al suelo. Gritos. Alguien ha grabado la tragedia, tal y como ocurrió con Kennedy. Mañana saldrá en todos los telediarios. La gente huyendo con los hijos en brazos. Como si eso sirviera para algo. Como si corriendo en estampida se fueran a olvidar de que Melchor ha muerto, de que es absurdo pedir más regalos al viejo. Como si las gotas que se congelan sobre los pedazos de dulce fueran de carmín y los reyes fueran magos. Pero nada será igual. El 6 de enero pasará a ser día de luto nacional.

 
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