Fátum

lunes, 3 de septiembre de 2012

Cuando menos te lo esperes alguien bajará el telón. Podrás ver, desde la puerta de la estación de servicio, tu coche alejarse hacia la carretera de la vida, mientras te subes la cremallera de la bragueta. Las malas noticias no avisan de su llegada. Simplemente llegan. Tampoco esperes que pueda ser algo memorable. Nadie deja frases para la posteridad justo antes de morir. Las despedidas de verdad no ocurren el día que quedas para despedirte. Se trata de ese tipo de cosas que no se pueden planificar. Déjame mirar mi agenda. Vaya, mañana no puedo quedar contigo porque por la tarde tengo accidente. La agenda de las desgracias tiene unos cuantos huecos para ti, no creas que te vas a ir de rositas. Eso sí, la gracia está en que nunca sabes cuándo será. Así que no te deshagas de la ropa de luto. Es algo que tarde o temprano todo el mundo necesita. La muerte acaba apareciendo. Es como el hambre, la sed o el síndrome de abstinencia: cuestión de tiempo. Gota tras gota se acaba horadando la roca. Nunca subestimes tu capacidad para llorar, puede que algún día te sorprendas a ti mismo con un pañuelo empapado en la mano. Buscando una roca donde sólo queda un montón de arena. El que pone los títulos de crédito lo hace siempre a destiempo.

 
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