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lunes, 21 de julio de 2014

¿Qué nos queda por hacer? A veces es suficiente con encogerse de hombros y decir: no lo sé. Siempre es mejor eso que decir: nada, no tenemos nada más que hacer, y acto seguido apagar las luces y dejarlo todo con un golpe seco, un taburete que cae al suelo y el cuello cruje, la soga se tensa y aparece un punto final en el extremo, donde el pie se estremece en un espasmo de despedida. ¿Qué puedo hacer antes de volverme demasiado viejo? A veces basta con hacer algo. Lo que sea. Mejor que quedarse quieto esperando que el polvo se deposite sobre uno, lentamente, y así hasta fosilizarse esperando lo inevitable. Mejor es sacudirse la tierra de encima y comenzar a caminar, aunque no sepamos cuál es el destino, aunque nunca lleguemos a ningún lado. Aunque los mentirosos nos digan que saben hacia dónde vamos todos. Mejor es sacudirse el polvo de encima, quitarse las telarañas y gritar por la ventana. Por lo menos hasta que alguien llame a la policía. Mejor es coger y decir a alguien al azar: vete a tomar por culo. Y así empezar una pelea. Mejor es plantar un libro, escribir en un árbol y no tener hijos. Aunque la versión clásica tiene también su encanto, salvo por lo de los hijos. Mejor es celebrar tu cumpleaños que quedarte mirando por la ventana pensando en la mejor forma de parar el tiempo. Mejor es agarrarse una borrachera y vomitar y acabar con una resaca de espanto. Mejor que esperar en silencio que algo suene. O que algo explote. Mejor es ser como un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Mejor que nada. Porque para no ser nada siempre tendremos tiempo. Para no ser nadie siempre hay plazas vacantes. Siempre hay tijeras para cortar los hilos. Como dice la de la guadaña: siempre es buen momento para ponerse a cosechar. Así que saludad a la cámara y decid: hola mamá hola papá mirad salgo en la tele un saludo besos os quiero. Antes de saltar por el trampolín. Antes de que sea demasiado tarde para alguno de vosotros. Te pueden decir: hay cosas que sólo pasan una vez en la vida. Pero en realidad todas las cosas pasan sólo una vez. Así que ríe antes de que te quedes sin voz, sueña antes de que se apague la imaginación, baila antes de que no se te muevan las piernas, sangra antes de que se te pare el corazón. ¿Que qué nos queda por hacer? Y yo qué sé. 

 
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