Herencia

miércoles, 29 de octubre de 2008

La gente siempre muere antes de tiempo.
Dejando como única herencia obras inacabadas.
Llenando los cementerios de bocetos arrugados.
Como si nadie supiera escribir un buen final.

Apocalipsis

viernes, 24 de octubre de 2008

Empezaba en un coche. Chocando frontalmente contra otro coche conducido por la misma persona, y después la antimateria, el olor a chorizo ahumado, las cucarachas huyen de mi piso rumbo a las cloacas, la oscuridad, los gritos, el silencio, sales del cuarto semidesnuda y me abrazas asustada, me das el último beso como en las despedidas de verdad, sabe a poco pero comienzan a aparecer las grietas de las paredes, un hilillo de baba cuelga de tu labio, te lo retiro con el índice, escombros en la puerta del hall, va a ser difícil salir de aquí, revientan las cañerías y el agua invade, inunda, crece, y después se contrae, nos contraemos, miro alrededor y estás ahí llorando, yo también estoy llorando y me doy cuenta de que es la hora de que suene el despertador, quizás lo haga ahora que alargas tu brazo hacia mí antes de lo definitivo, quizás despierte ahora que es (eres) posible, y entonces tendré que madrugar, ir a clase, sonreír, estar lejos de ti: todas esas pequeñas miserias hechas realidad.

Psicoanálisis

lunes, 20 de octubre de 2008

A Freud le gustaba que le chuparan el ello.

Windows 3.11

domingo, 19 de octubre de 2008

"Y dijo el ratón: ábrase la ventana. Y la ventana se abrió."
(Windows; capítulo 3, versículo 11)

Bulimia

martes, 14 de octubre de 2008

Carne que sólo busca carne, carne dentro de ascensores, de coches, de autobuses, de trenes, carne enlatada, filetes con ojeras, carne sobre escaleras mecánicas, esperando en el andén, carne viajando a 120 km/h, carne chocando a 120 km/h, carne picada, chuletas madrugando, apagando el despertador, repostando gasolina, pagando multas, carne caníbal, contaminada, comida rápida, tendones, huesos, fibras musculares, hamburguesas en la ducha, en la cama, vuelta y vuelta, embutido viajando en patera, trozos de carne que mueren antes de llegar a la costa, carne drogada, carne deprimida, carne asesinada, cebada, carne que huye, carne en la televisión, carne borracha, carne que depende de la carne, que besa a la carne, que la penetra, carne en la calle, carne esperando en los semáforos, vísceras, velocidad, carne llorando sangre, carne comiendo, atragantándose, y después carne en el estómago, en el esófago, en la boca, el viaje de vuelta, carne en el váter.

114

domingo, 12 de octubre de 2008

La cama deshecha. Las persianas cerradas. Etcétera.
Tengo el dormitorio atestado de recuerdos muertos. Me acuesto con ellos, los arropo, los acaricio, los penetro y quizás es por eso que tardo horas en conciliar el sueño.
Suena el despertador y me levanto con los recuerdos pegados por todo el cuerpo. Me ducho y me froto el cuerpo y van cayendo poco a poco por el desagüe. Si sigo quitándomelos de encima así acabarán por volver a atascar la cañería. Y después sería llamar al fontanero, presenciar el espectáculo: la cara de asco del tipo rascando el interior de la tubería, y luego recuerdos putrefactos en la basura, recuerdos en el vertedero, en el fondo del mar, recuerdos reciclados, todo eso. El caso es salir limpio de memorias de la ducha. Y peinarse con un nuevo peinado que mate otro montón de recuerdos en el lavabo, depositarlos en la cama, ejercer un nuevo funeral que sabe a algo bien conocido. Salir de casa, coger el bus, trabajar. Hay días que incluso llueven los recuerdos, me sorprenden en medio de una calle cualquiera y como tengo la mala costumbre de no llevar paraguas acabo empapado de recuerdos, y qué sé yo, a veces ocurre cuando paso delante de aquel restaurante, de aquella cervecería, de cualquier lugar común. Y es pegajosa la situación, volver a casa pringado y entrar en el salón y rascar, poniendo la cara de asco del fontanero, rascar contra cualquier superficie, el televisor, el sofá, la lámpara, despegándolos en la medida de lo posible de la ropa, y cuando no es posible, salir al patio interior por la noche, cuando nadie esté despierto, y lanzar la ropa a una hoguera improvisada, como en un entierro vikingo. Comprar ropa nueva, de otro estilo, otra cosa que no me recuerde nada parecido, vivir en otro sitio que no me recuerde a nada de lo vivido. No pensar en el número 114. Llegar al cuarto, cerrar la puerta tras de mí y confiar en que lo he conseguido. Tumbarme en la cama, encontrar lo de siempre. Algo se posa en mi piel. Lo observo entre mis dedos. Es una foto. Grito. La cama deshecha. Las persianas bajadas. Etcétera.

Cunnilingus

viernes, 3 de octubre de 2008

Es como estar solo. Asomándose a un agujero ciego.
Enfrente, un animal muriendo. Un pez boqueando.
Unos párpados vacíos. El miedo a abrirlos.
Saliva. El beso definitivo.
Frotar la lengua contra el origen del mundo.
Deshacerlo. Aspirarlo. Escupirlo. Amarlo.
Todas las cosas que importan dentro de la boca.
Un terremoto. Hadrones colisionan.
Hiroshima y Nagasaki.
Un redoble de tambor.
Un gemido. Alguien gime. Encima del colchón.
De pronto todo se vuelve real. Descriptible. Definido. Asqueroso.
Una melancolía instantánea en el paladar.
Demasiado carpe diem para tan poco rato.
Y nadie se atreve a hablar.

 
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