miércoles, 16 de enero de 2008

Nihil novum sub sole

Algunos de nosotros hemos nacido para corrernos en soledad, nos guste o no (aunque en general nos gusta ese gusto rancio y melancólico que tiene la masturbación). Algunos hemos nacido para aprender con el tiempo a no llorar por los sentimientos heridos. Algunos hemos nacido para conformarnos con los resultados de los sorteos de lotería. Y para sonreír y decir: otra vez será. Algunos hemos nacido para luchar en vano contra la sombra de un futuro patético en un patético piso de soltero. Algunos hemos nacido y a veces sentimos que no deberíamos haberlo hecho. Esa sensación que vuelve a visitarnos cada vez que abrimos la boca y no funciona. O cuando abrimos la boca a pesar de que sabemos que no va a funcionar.

Algunos siempre acabamos cometiendo el mismo error. Perdón.

martes, 15 de enero de 2008

Tribulaciones de supermercado

¿Alguna vez has tardado más de la cuenta en abrir las bolsas del supermercado, frotando de forma nerviosa los dedos contra sus bordes, sin conseguir más que miradas de reproche de la gente que hace cola en la caja? Es la peor sensación del mundo. Y se resume en dos verbos. Querer y no poder.

domingo, 13 de enero de 2008

Parábola del caminante

Era una tarde de verano. Por mucho que camines jamás llegarás lo suficientemente cerca del horizonte como para tocar la puesta de sol, me dijo señalando un sol en proceso de descomposición. Acto seguido se sentó en el suelo y alzó la vista hacia mí. Y entonces supe que ella era el horizonte y yo un loco persiguiendo al sol.

viernes, 11 de enero de 2008

Instrucciones para fumar

La primera premisa y más importante, antes de encender el primer cigarrillo, es que usted esté seguro no sólo de que ha aceptado que va a morir más tarde o más temprano, sino también de que ha aceptado que no le importa que la causa más probable de su muerte vaya a ser el tabaco. Si así sucediera usted debe ser consciente de que morir por esta causa supone intensos dolores y sensación de ahogo. Por ello se recomienda que no fume si usted no quiere morir ahogado. Es importante hacer hincapié en este punto, porque si usted no está seguro de esto lo más probable es que decida dejar de fumar dentro de unos años, y dejarlo es mucho más costoso que empezar. Nunca empiece algo que sabe que no va a poder llevar a sus últimas consecuencias (y este es un consejo que no sólo se puede aplicar al hábito tabáquico sino también a todas las vicisitudes vitales).

Siempre que haya aceptado la premisa inicial, usted podrá acceder a la droga comprándola de manera legal en estancos y máquinas expendedoras, frecuentes en bares y algunos kioscos. Observará que hay múltiples marcas a su disposición. Si usted duda qué marca elegir pida consejo a personas conocidas fumadoras que no deseen dejarlo (recuerde que si quieren dejarlo es porque ellos empezaron sin aceptar la primera premisa). No intente pedir consejo a un no fumador o a un ex-fumador, pues por norma general estos no sólo no le aconsejarán qué marca elegir, sino que intentarán evitar que fume. En el caso de que cometa el error de preguntarles a estos sujetos y le convenzan, deberá volver a replantearse la primera premisa. Si por el contrario mantiene con voluntad firme el deseo de fumar y ya sabe qué marca escoger, vaya a obtener su primer paquete de cigarrillos.

Una vez con el paquete en la mano, obsérvelo. Podrá leer en él mensajes diseñados por el Ministerio de Salud para evitar que usted fume. Sin embargo, si usted realmente ha aceptado la primera premisa (cosa que se da por supuesta una vez ha llegado a este punto), estos mensajes no tendrán el más mínimo efecto sobre su voluntad. Así que proceda a abrir el papel celofán que lo recubre y levante la tapa superior. En el interior podrá ver un total de 20 cigarrillos con los filtros colocados hacia arriba. Saque uno y coloque la parte del filtro entre los labios. Este gesto es más fácil de asimilar si ha visto a alguien fumar antes. Si no lo ha visto, basta con señalar que el filtro debe quedar correctamente sujeto por los labios, de forma que pueda sujetar el cigarrillo en su conjunto sin necesidad de ayudarse de la mano ni de los dientes. En este momento lo que debe hacer es encender su primer cigarrillo. Para ello es precisa la utilización de un mechero, una cerilla o cualquier otra fuente de fuego. En este punto se recomienda el uso de mecheros o cerillas porque son fuentes de fuego de pequeño tamaño. Si usted usa para encenderlo fuentes de fuego de gran tamaño, tales como hogueras, lanzallamas o incendios forestales, corre el riesgo de sufrir quemaduras cutáneas y de que el cigarrillo se queme por completo, con lo cual quedará inutilizable. Usted podrá usar fuentes de fuego de gran tamaño si es capaz de aceptar estos riesgos. Una vez haya decidido y conseguido la fuente de fuego a utilizar acérquela a la punta del cigarrillo sujeto por los labios y manténgala un tiempo aproximado de un segundo mientras usted aspira. Sabrá que ha realizado bien esta maniobra si escucha el crepitar de la punta y observa su iluminación en un tono rojo incandescente. De forma simultánea a la aspiración puede retirar la fuente de fuego. Comprobará cómo con la práctica esta acción se vuelve rutinaria y de fácil manejo. Es importante destacar la forma de realizar la aspiración del humo correctamente. No intente contener el humo en la boca, pues es una sustancia irritativa y le provocará tos. Tiene que aspirar como si inspirase de manera normal pero a través del cigarrillo. El cigarrillo debe actuar en cada calada como un agente mediador entre el aire y los pulmones. Como si fuera una segunda boca. Si esta primera calada le ha salido mal no desespere, con el tiempo aprenderá a hacerlo de manera correcta y vistosa. Seguidamente proceda a separar el cigarrillo de la boca mientras mantiene el contenido de la aspiración en los pulmones y acto seguido espire. La espiración la puede realizar de diversas formas, según guste: puede hacerlo por la nariz o por la boca, siendo esta última la vía de salida del humo más utilizada, posiblemente debido a que el humo saldrá en función de la forma que usted le dé a sus labios y a la intensidad con que lo espire. Practique y pruebe nuevas técnicas de espiración delante del espejo hasta que encuentre la que más se adecúe con su personalidad. El resto del cigarrillo sigue el mismo proceso cíclico de aspiración-inspiración ahora explicado. Cuando llegue al final del mismo o desee dejar de fumar en ese momento por la razón que sea, usted tendrá que apagarlo. A este efecto existen unos elementos conocidos como ceniceros para que usted apriete contra ellos la brasa incandescente del cigarrillo ya fumado. Hágalo con energía o seguirá humeando. En el caso de que esté en la calle usted podrá dejarlo caer en la acera y los servicios de limpieza del Ayuntamiento se encargarán de recogerlo por usted.

Como podrá comprobar fumar es fácil y sólo requiere un poco de voluntad y un entrenamiento tenaz. Los primeros días es posible que usted no tenga ganas de seguir fumando. Para evitar esta situación oblíguese a fumar periódicamente hasta que sienta la necesidad de fumar. Una vez la sienta podrá felicitarse. En ese momento ya será un auténtico fumador adicto. Y podrá tirar estas instrucciones a la papelera.

jueves, 10 de enero de 2008

Madrid en palabras

Madrid dibuja en el horizonte la silueta de cuatro falos metálicos en coito constante con el cielo. Un juego protésico que desgarra las nubes y se hunde en la niebla, perforando el siniestro himen algodonoso. La gente las mira desde el suelo y piensa: algo no es normal aquí. Luego se encogen de hombros y se esconden en el metro, porque a veces no queda más remedio que sentirse enterrado en vida. Quizás es por eso que Madrid no tiene ciudadanos, tiene supervivientes. Madrid sabe a ojeras e insomnio colectivo. Sabe a terror. Los hospitales se erigen como nuevos monumentos objeto de peregrinaje porque la población está enferma de modernidad forzada. Madrid sabe a sudor febril.

Y a pesar de todo cabe un hueco para la esperanza. Como cuando descubres una mirada de complicidad en el metro. Cuando tropiezas con una pareja comiéndose los morros en medio del caos. Cuando ves a un conductor en medio de un atasco cantando vete a saber qué guiado por la radio de su coche. Cuando ves a un mendigo sonreír, aunque sea por el vino de Tetra Brik. Cuando te sientas en un banco al azar y esperas sólo a que pase el tiempo. Cuando tienes a alguien con quien compartirlo. Como cuando entiendes que hay vida a pesar de Madrid. Y eso basta.

miércoles, 9 de enero de 2008

Monólogo delante del espejo

Mírate. Me parece que tu vida cambió cuando el monstruo de debajo de la cama decidió dejar de visitarte por las noches, o cuando tú decidiste dejar de visitarlo levantando los faldones de la colcha para intentar atisbar algo en la oscuridad nocturna. Quizás fue porque creíste a tu madre cuando te dijo que ahí debajo no había ni una maldita cosa más que polvo.

Se fue el monstruo por el desagüe de la madurez con los Reyes Magos y el ratoncito Pérez y todas las presuntas mentiras en que basabas tu vida. Quedaste expuesto desde entonces a una realidad áspera constituida por una rutina de mandatos, de madrugar y acostarse pronto para ir al colegio, lávate los dientes, lávate las manos antes de comer, pórtate bien, estudia. Algunos os negasteis a aceptarlo con el tiempo, y empezasteis a buscar a los Reyes Magos yendo de botellón (aunque no sabíais que les buscabais a ellos). Pero en el fondo de los vasos no había más que hielo derretido.

Al poco aprendiste que los besos no eran exactamente como en las películas. Que eran húmedos. Que tenían sabor. Que no era tan fácil conseguirlos. Y aprendiste a llorar y a sonreír de otra manera: un poco más hacia dentro y hacia los hombros de enfrente, si es que había en ese momento algún hombro donde apoyarse.

Y ahora mírate bien. Esas ojeras no son sanas. Y qué pintas. Qué haces fumando, esa mierda te va a matar. Antes de que tu vida cambiara tú no eras tan patético. Corrías de buena mañana hacia el salón todos los 6 de enero en busca de tus regalos.

Y ahora, después de tragar tanta mierda, qué te queda por hacer. Quizás deberías echar un ojo debajo de la cama. No vaya a ser.

martes, 8 de enero de 2008

Biblioteca

A la entrada de la biblioteca hay un charco que huele a lágrimas. O a sudor frío. Hay un montón de cuerpos fumando asustados y/o tomándose un asqueroso café de máquina. Un conjunto de cuerpos pensando en preguntas de test y esquemas y subrayadores fosforitos y post-its de colores. Recordando o esperando tiempos mejores. Creen que más allá de febrero las cosas mejorarán. No se dan cuenta de que en realidad la vida consiste en recordar y esperar.

Mientras, algunos deciden desesperados inmolarse zambulléndose dentro de un vaso de agua.

lunes, 7 de enero de 2008

Queridos políticos:

Soy un céntimo de vuestro sueldo. Soy un ladrillo en vuestras casas, colocado por azar en un muro de carga: si me muevo moriréis por aplastamiento. Soy una huella dactilar cuando os dan una palmadita en la espalda. Soy una bala en la recámara. Soy una opinión en las encuestas. Un NS/NC que os hace temblar. Soy un porcentaje de vuestros más oscuros deseos. Os puedo proclamar emperadores u os puedo hundir en el fango. Sólo tengo que decidirlo. Porque soy un hombre con un sobre. Y sé cómo utilizarlo, mamonazos.

sábado, 5 de enero de 2008

Manipular con precaución

Soy frágil cuando me miras. Cuando me dices: te quiero. Y yo no sé qué responder.
Soy frágil cuando me doy cuenta de que no tengo definido ningún proyecto para alcanzar mis sueños.
Soy frágil cuando bebo una cerveza de más y acto seguido me siento triste.
Soy frágil cuando recuerdo que todos vamos a morir. Y me hago preguntas que nadie sabe responder porque están demasiado ocupados viviendo.
Soy frágil cuando escucho How to disappear completely.
Soy frágil cuando comprendo que no formo parte de los planes de futuro de nadie. O cuando recuerdo que yo no tengo planes de futuro.
Soy frágil cuando veo a mi abuela sentada delante del televisor y sé que nunca me volverá a cocinar canelones.
Soy frágil cuando pienso que todo lo que escribo acabará en la basura. Como este blog.

miércoles, 2 de enero de 2008

Baco en la guerra

40º. No lo dice el termómetro, lo dice tu hígado. La etiqueta reza: J&B. Aunque puedes elegir otra cosa. Y mezclarlo con la bebida carbonatada a tu elección. El sabor es lo de menos. El dinero también. Consumir sin moderación. Ese es el objetivo. Es absurdo y por eso todo el mundo lo puede cumplir.
La Tercera Guerra Mundial se celebra todos los años nuevos. En una barra libre. El hombre contra el alcohol. Al final los perdedores son siempre los mismos. Al despertar se llevan la mano a la cabeza. La luz del sol les molesta. Miran con ojos entornados a su alrededor. Puede que descubran que han dormido con un vómito pegado en la oreja. Y desean morir. Pero Baco siempre da una prórroga. Porque no tiene prisa por vernos en el infierno.