domingo, 3 de febrero de 2008

Paritorio

Todos nuestros hijos nacieron muertos. Al nacer no lloraron, se rieron de nosotros. Se aplastaron contra la vida, como cigarrillos contra el cenicero. Nos aplastaron contra la vida: ellos, que no tenían fuerzas. Y decidieron cambiar su futuro por nuestro abismo.
Ahora cuando hablamos lo hacemos a solas. En secreto pensamos preguntas terribles, pero sabemos que preguntar no serviría de nada porque no hay respuestas ni consuelo posibles. Estamos encerrados en un apartamento o en una cárcel hecha de recuerdos hechos de fetos muertos: ellos con su silencio de necrópolis construyeron el nuestro. En nuestro piso, en nuestro Chernóbil particular, todo huele a cadáver.
Me gustaría irme lejos de aquí. Porque tú representas mi fracaso. Porque quizás ya no te quiero ver nunca más. Porque dormir a tu lado ya no es dormir contigo.
Pero a veces te acercas, me dices: dejémoslo todo atrás. Volvámoslo a intentar.

Entonces cierro los ojos
y tengo agujeros en los párpados.

sábado, 2 de febrero de 2008

Traca abortada

Quizás porque me siento solo cuando estoy rodeado de gente.
Quizás porque recuerdo las cosas que no debo. Y por eso no puedo olvidar los besos y que tenías la boca seca, puede que por el alcohol, y que aunque la lengua estuviese seca fue suficiente para aliviarme. Más que suficiente.
Quizás porque no acerté a la hora de elegir en qué lado estar de tus estadísticas personales. Soy ese 1 de cada 10 que cuando te mira no se fija únicamente en tu escote.
Quizás es que es cierto que las neuronas mueren cuando se bebe mucho alcohol.
Quizás es que en realidad le va mejor a la gente que coge un poema de Neruda y lo recita como si fuera suyo que a los que intentamos hacer poemas y no sabemos recitarlos. Puede que sea porque nos da un poco de vergüenza ser sinceros y ñoños a la vez. O porque preferimos ser sinceros pero odiamos ser ñoños incluso cuando es necesario serlo.

Quizás por eso no quieres hacerme sentir mal y por eso si la conversación se tuerce hacia temas incómodos en los que se ven envueltos nuestros respectivos sistemas límbicos, miras al suelo o a algo más profundo que el suelo, algo que queda entre tu mirada y el infierno, y entonces sólo sabes apagarme la mecha. Y quizás por eso nos quedamos sin fuegos artificiales.

jueves, 31 de enero de 2008

La causa final

Estudio medicina. Podría haberme equivocado eligiendo cualquier otra carrera, pero decidí equivocarme con la medicina. Bueno, y yo qué sabía. Desde luego la carrera prometía experiencias cuanto menos interesantes. Ver muertos. Tocar muertos. Abrir muertos. Ver enfermos. Tocar enfermos. Ver enfermos sanar. Ver enfermos morir. Creía que una profesión que está tan íntimamente ligada con mi obsesión personal (la muerte) podría darme algunas pistas para entender algo sobre la vida. Pero no. Los médicos sólo saben usar palabras poco usuales, clasificar enfermedades, acumular más y más información sobre las patologías, juntar los datos y hacer estadísticas, asociar el tabaco al cáncer de pulmón, para luego sólo paliar los síntomas, drogarte para luchar contra el dolor y después nada. Conocen de las enfermedades la causa eficiente, la causa material y la causa formal. Pero no conocen la causa final de las mismas. Es decir, saben por qué tienes cáncer y por qué te mata pero no saben por qué tienes que morir. Yo buscaba respuestas a mis preguntas y la ciencia no las tenía. La religión ya me había defraudado por aquel entonces. Y la gente siempre ha preferido no hablar de ese tema. La gente prefiere hablar de fútbol. O de cine.

Yo por mi parte sólo sé que dentro de cien años todos vamos a estar muertos. Mientras tanto sólo espero no aburrirme demasiado.

domingo, 27 de enero de 2008

sábado, 26 de enero de 2008

Cardiología

Lo más probable es que te mueras de un infarto. Y que te dé a primera hora de la mañana. Desayunando. O viendo en la televisión las primeras noticias del día (que en realidad son las noticias del día anterior). Justo en hora punta de tráfico. La naturaleza sabe ponernos la zancadilla.

Entre los síntomas clásicos del infarto de miocardio está la sensación de muerte inminente. Suena espeluznante. Sin que tengas ni puta idea de medicina puedes, no ya saber, sino sentir que te vas a morir. La diferencia está en que si sabes que vas a morir puedes racionalizar el momento. Puedes llamar a tus hijos (si tienes) o a tu mujer (si tienes) o a tus amigos (si tienes) o al vecino (si no tienes a nadie más) y decir unas últimas palabras para la posteridad, algo como: "no me arrepiento de nada", "os quiero" o incluso un chulesco "nos veremos en el otro lado, chicos". Como en una película. Sin embargo ten en cuenta que eso no va a pasar. Lo que va a pasar es que sentirás que vas a dejar de existir. Y cuando sientes algo te aferras a lo más irracional de tu encéfalo. Envuelto en sudor frío, con una ansiedad de muerte en el pecho, si acaso es que sigues consciente, gritarás socorro. Puede que tires el café con leche por el suelo de la cocina. Eso, claro está, si no tienes la cabeza lo suficientemente abducida por alguna religión como para aceptarlo de manera natural e irracional. Si esa es tu situación, piensa que los curas también van al médico cuando Dios les llama al cielo. Acto seguido llamarás tú (en un acto de lucidez demencial) o algún familiar asustado al 112. Quizás la ambulancia llegue a tiempo. Quizás llegues a tiempo al hospital. Y después de haberte curado te mandarán a casa con un montón de recetas para poder sobrevivir unos pocos años más. Más te vale que si has tenido suerte pienses unas bonitas palabras de despedida para cuando te vuelva a pasar. Y que la próxima vez no tires el café con leche. Que luego habrá que limpiarlo. Y dudo mucho que tú puedas hacerlo cuando estés en estado de descomposición.

viernes, 25 de enero de 2008

Insomnio

Hay actores que se meten 30 somníferos de golpe y no sólo consiguen dormir de manera definitiva sino que obtienen el reconocimiento del mundo entero. Otros nos limitamos a soportar el botiquín lleno de pastillas día tras día y nadie comprende nuestro mérito.

miércoles, 23 de enero de 2008

Elogio a una chica

Puedes sentirte orgullosa.
Sólo tú eres capaz de destruirme con una mirada.
Eres la única capacitada para hacerme llorar.
De las pocas personas capaces de sorprenderme. O de hacer que yo me pueda sorprender de mí mismo.
En ocasiones logras que mi vida orbite en torno a ti.
Sólo tú consigues que a veces tenga insomnio.
Que siga creyendo en la necesidad conspicua de la procreación.
Y que me guste estar vivo.

Sólo tú eres capaz de provocarme las mismas reacciones que me provoca pensar en la muerte.
Gracias, nadie me había hecho sentir así antes.

martes, 22 de enero de 2008

Sin perdón

Cada vez que pides perdón te estás negando a ti mismo. Cuando te disculpas por algo que has dicho estás aboliéndote, destruyendo todo lo que tenía sentido en el pasado. Es absurdo. Estás diciendo a tu yo del pasado que estaba tremendamente equivocado. Y lo haces porque tu yo del presente opina en función de otras circunstancias. A veces sólo creo en Ortega y Gasset.

Un terrorista no puede pedir disculpas por lo que ha hecho, aunque sea lo que tiene que hacer desde el punto de vista de la ética occidental. En aquel momento tenía que hacerlo y por eso no puede negar su acto. No puede hacerlo porque cuando apretó el gatillo él quería hacerlo y aquella bala tenía un sentido para él. Lo malo es que muchas veces las balas siguen teniendo sentido después de atravesar el cerebro. Lo malo es que yo a veces me siento un poco terrorista cuando insulto a alguien. Y sé que no puedo ni debo pedir perdón.

sábado, 19 de enero de 2008

Sospecha clínica

Sabes que algo se ha roto dentro cuando descubres otro cigarro encendido en el cenicero cuando vas a apagar el que tienes entre las manos. Si miras por la ventana verás lo de siempre pero lo verás diferente. Es como tener un tumor en el cerebro, no sabes que lo tienes pero notas algo raro en tu forma de hablar. Quizás deberías ir al médico. Pero lo más seguro es que te diga que no es nada. Y lo peor es que seguramente tenga razón.

viernes, 18 de enero de 2008

Aficiones

Me gustan las cosas que no tienen ninguna utilidad práctica. La niebla. El tabaco. Mascar chicle. Escuchar música. Beber cerveza. Eyacular fuera de la vagina. Los chistes buenos. El café. Los chistes malos. Perder el tiempo. Los libros de poesía. Los sentimientos no recíprocos. El cambio climático. Sorprenderme a mí mismo. Escupir. Decir gilipolleces. Ir al cementerio y no llevar flores. Dibujar. Llorar. Escribir. Vivir.