sábado, 16 de febrero de 2008

Muñecas rusas

Los hijos entierran a los padres. O al menos es lo normal, puesto que en realidad un hijo no es más que un par de células que consiguieron escapar al naufragio de la vejez de los cuerpos progenitores. Los supervivientes que quedamos al paso de las generaciones somos todavía más fugitivos, somos descendientes de otros supervivientes intentando exportar al menos un gameto hacia el futuro. Tu cuerpo no es más que una extensión de tus antepasados. Puede que no seamos tan especiales, al fin y al cabo. Cada generación que pasa somos más pequeños, como las muñecas rusas. Ahí dentro sólo hay los mismos genes de siempre mezclados con otra proporción, la vieja receta de Darwin. Y es que llegada una edad tu cuerpo te pide de alguna forma tener hijos. Lo llaman evolución. Y no es más que miedo a morir.

jueves, 14 de febrero de 2008

San Valentín

Hay una caja de bombones con forma de corazón encima de la mesa. Cupido espera tu aparición por la puerta de tu casa vigilando desde el edificio de enfrente con la mirilla de su rifle francotirador. Nada destroza más un corazón que un proyectil de alta velocidad. Los tiempos están cambiando, ya lo dijo Dylan. Hay una nota encima de la caja. En ella está manuscrita la frase más bonita que jamás te hayan dedicado. De esas que te hacen sacar las tripas en forma de lágrimas. Llegado el momento entras en el cuarto sin prestar atención a los detalles hasta que tienes delante de tus narices la caja, y coges la nota, la lees con esa sonrisa que pones cuando te encuentras con algo deseado en secreto. Lo suficientemente despistada como para no darte cuenta de que un puntero láser sube por tu cintura hasta posarse sobre tu teta izquierda. Después, sólo pétalos de sangre que brotan de tu pecho, como una tormenta después de la sequía. Este trabajo es una mierda, suspira Cupido mientras se aleja calle abajo. Tendrás que comerte los bombones antes de que se derritan.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Borrador

Eres libre de hacer conmigo lo que quieras. A fin de cuentas sólo soy un montón de palabras en una pantalla ordenadas por un tipo que pierde el tiempo borrando lo que escribe y volviéndolo a rehacerlo. Creo que está obsesionado con que le quede bien. Sin embargo sabe que nunca lo conseguirá. Puede que porque bien es también sólo una palabra. Si pudieras ver las barbaridades que borra y luego no publica. Algunas hablan de amor, otras de guerra, otras de drogas, otras de la muerte. Los temas universales, ya sabes. Hay escritores que están encasillados y este tipo no es ninguna excepción. También podría decir que es bastante inseguro. Da muchas vueltas a las cosas que la gente acepta sin cuestionarse. Es tan inseguro que le he visto empezar este texto escribiendo un perfecto "te quiero" y lo ha borrado por vergüenza. Yo creo que debería escribir "te quiero" y publicarlo, sin añadir nada más. Las cosas sencillas son las que triunfan. Pero yo qué sabré. Sólo soy un montón de palabras ordenadas por él. En realidad lleva aquí minutos borrando y reescribiendo y todavía no ha conseguido que yo tenga un mensaje para la posteridad. Ni siquiera un mísero mensaje personal. Él sólo borra y vuelve a escribir. Una y otra vez. A mí se me hace un poco pesado, porque veo que por más que intenta decir algo medianamente importante no lo consigue. De hecho ahora mismo está indeciso porque no sabe cómo continuar esta disertación sobre lo indeciso que está. Está indeciso porque no sabe decir que está indeciso. Creo que eso es una reiteración, no quedará bien. Pero bien es sólo una palabra. Al final de todo este embrollo sólo seré un simple borrador de algo importante que te quiero decir pero que no he podido decírtelo. Así que lo dicho, haz conmigo lo que quieras. Opíname. Ya sé que tus comentarios también son sólo palabras. Pero a veces siento que sin ellos estoy mutilado.

martes, 12 de febrero de 2008

Diario de un onanista

Lo más fácil es quedarte con lo que te queda más a mano. Repetir el movimiento una y otra vez porque simplemente funciona. Debe ser instinto animal. Nadie te enseñó a hacerlo. La primera vez fue hace tanto tiempo, fue tan torpe, tan embarazosa. Pero ahora ya te sabes el ritual de los kleenex. Ahora eres tan eficiente eliminando pruebas que podrías llamar a un ejército de forenses y no encontrarían ni un maldito espermatozoide. Cuestión de experiencia. Ya sabes encontrar el material para conseguir una estimulación propicia. Ya sabes pensar en las personas adecuadas cuando cierras los ojos y todo cobra sentido. Un mensaje de tu cerebro directamente hacia el final de tu médula espinal. Y un montón de endorfinas al final. Pero a pesar del dominio de la técnica, a pesar de la mecánica perfectamente medida, a pesar de que la ejecución sea impecable, a pesar de que después de todo te sientas agusto, siempre queda ese hueco en el pecho. El único hueco que nunca podrá rellenar tu mano derecha. Y eso es el amor.

lunes, 11 de febrero de 2008

Suplente

Ahora mismo podría atravesar las palabras. Sentarme ahí donde estás y leer contigo esto mismo que estás leyendo. Respirar el mismo aire que tú. Mover tu mano sobre el ratón. Suavemente. Como si ni siquiera estuviera en realidad contigo. Ahora mismo podría ver lo que ven tus ojos. Leer esta frase: leer esta frase. Amordazándote silenciosamente mientras lees. Quizás sin que te dés cuenta de que yo estoy realmente ahí contigo. Y luego levantarme contigo de la silla. O mejor dicho, levantarnos a la vez de la silla. Puede que nos sea difícil conjugar la primera persona a partir de ahora. Podría suplantar tu vida. Quién sabe si no lo he hecho ya.

sábado, 9 de febrero de 2008

Terrorismo cultural

No hay nada como luchar contra las cosas que se dan por supuestas. Puede parecer un sinsentido hacer algo así sin más propósito que el rebelarse por el simple acto de la rebelión. Pero al fin y al cabo atacar algo que nadie se plantea sirve para entender que en realidad las creencias populares no son más que opiniones discutibles demasiado extendidas. A modo de ejemplos:

1) Puedes hacerlo saltando por la ventana para intentar revocar las leyes de Newton. Sólo tienes que creer que la gravedad no existe y entonces los siete pisos de altura serán un mero colchón de aire sobre el que caminar. Unos pocos se negarían a intentar caminar por el aire, aferrándose a la absurda idea de que los pies tienen que apoyarse en una superficie para poder andar. Nosotros nos reiríamos de ellos, sobre todo cuando nos dijeran chorradas como: yo sólo puedo correr sobre el suelo. Les veríamos las calvas desde la altura con desprecio. Crearíamos a seres mitológicos que se desplazaran reptando y los adoraríamos en templos flotantes. Y las meadas en la vía pública cobrarían la categoría de perversión sexual por lluvia dorada. Quizás seríamos felices.

2) También puedes hacerlo intentando adivinar por dónde va a amanecer cada día. Sólo tienes que despreciar la rotación terrestre y madrugar lo suficiente como para ver amanecer cada día. Hay que tener en cuenta que la gente vulgar se conforma con saber que el sol sale por el este y se pone por el oeste. Sin embargo basan esta creencia en la tradición de transmisión de leyendas en el ámbito de la escuela por parte de los maestros a los niños. Una persona lo suficientemente crítica debe ser capaz de rebelarse contra tal doctrina, impuesta a fe ciega, y poder llamar al lugar por el que sale el sol como le dé la gana cada día. Por ejemplo, cuando estoy de buen humor el sol sale por el ombligo y se pone en tu espalda.

3) O puedes luchar contra las convenciones sociales aceptando que las drogas no son un peligro. Al menos no tanto como el ser abstemio. Hay abstemios que no pueden parar de serlo y jamás se proponen cambiar de conducta a pesar de saber que privarse del uso de sustancias psicotrópicas no les aporta alteraciones en la conciencia ni experiencias diferentes. Y es sorprendente ver cómo nadie les recomienda evitar ese tipo de estados del ser harto tediosos, sino que hasta les aprueban por su actitud indolente. Los abstemios corren el terrible riesgo de morir de aburrimiento en un mundo de cosas inalterables y rígidas, el único mundo al que se permiten acceder.

Por supuesto hay más formas de romper con aquello que todo el mundo da por sentado. Estos son únicamente los primeros ejemplos que me han venido a la mente. Tú puedes crear las propias bases de tu mundo destruyendo las que te han enseñado. Sólo tienes que pensar en algo sin lo cual el mundo, tal y como lo conoces, pasaría a ser distinto, absurdo o sencillamente sin lo cual no sería. Y una vez tengas definido ese pilar de la realidad (de tu realidad) colócale una carga de explosivo hecho de imaginación. Reviéntalo. Y disfruta con las ruinas.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Ars longa vita brevis

El camino del arte es el del todo por la nada. Es escupir contra el viento. Dejar un legajo de papeles emborronados y suicidarte. Que esos papeles manuscritos se subasten y valgan miles de euros y así tu familia pueda pagarte una tumba como Dios manda para que la gente te deje notas de admiración. Coger un puñado de arena en la playa y lanzarlo con furia contra las olas. Cuanto más fuerte mejor. Devastar las yemas de los dedos contra el tapón de tinta de una comisaria y después dejar sólo unas huellas digitales. Como si tu perro te firmase un autógrafo. Coger un pincel sin miedo y clavarlo en el lienzo. Desgarrándolo con saña. Desgastar, en fin, años de tu vida para acabar sintiendo que en realidad podrías estar muchas otras vidas haciendo una y otra vez lo mismo sin llegar a ningún lado. Cada vez que escribo algo es como si me cortara las venas y sólo quedase la cicatriz. Ni brazo, ni cuerpo, ni alma. Sólo la puta cicatriz.

lunes, 4 de febrero de 2008

Comienzo del éxodo

Hay días en los que, al abrir las sábanas de la cama, no puedo evitar la sorpresa de sentirme como Moisés separando las aguas del Mar Rojo cuando descubro, por feliz casualidad, que todavía huelen a ti.

domingo, 3 de febrero de 2008

Paritorio

Todos nuestros hijos nacieron muertos. Al nacer no lloraron, se rieron de nosotros. Se aplastaron contra la vida, como cigarrillos contra el cenicero. Nos aplastaron contra la vida: ellos, que no tenían fuerzas. Y decidieron cambiar su futuro por nuestro abismo.
Ahora cuando hablamos lo hacemos a solas. En secreto pensamos preguntas terribles, pero sabemos que preguntar no serviría de nada porque no hay respuestas ni consuelo posibles. Estamos encerrados en un apartamento o en una cárcel hecha de recuerdos hechos de fetos muertos: ellos con su silencio de necrópolis construyeron el nuestro. En nuestro piso, en nuestro Chernóbil particular, todo huele a cadáver.
Me gustaría irme lejos de aquí. Porque tú representas mi fracaso. Porque quizás ya no te quiero ver nunca más. Porque dormir a tu lado ya no es dormir contigo.
Pero a veces te acercas, me dices: dejémoslo todo atrás. Volvámoslo a intentar.

Entonces cierro los ojos
y tengo agujeros en los párpados.

sábado, 2 de febrero de 2008

Traca abortada

Quizás porque me siento solo cuando estoy rodeado de gente.
Quizás porque recuerdo las cosas que no debo. Y por eso no puedo olvidar los besos y que tenías la boca seca, puede que por el alcohol, y que aunque la lengua estuviese seca fue suficiente para aliviarme. Más que suficiente.
Quizás porque no acerté a la hora de elegir en qué lado estar de tus estadísticas personales. Soy ese 1 de cada 10 que cuando te mira no se fija únicamente en tu escote.
Quizás es que es cierto que las neuronas mueren cuando se bebe mucho alcohol.
Quizás es que en realidad le va mejor a la gente que coge un poema de Neruda y lo recita como si fuera suyo que a los que intentamos hacer poemas y no sabemos recitarlos. Puede que sea porque nos da un poco de vergüenza ser sinceros y ñoños a la vez. O porque preferimos ser sinceros pero odiamos ser ñoños incluso cuando es necesario serlo.

Quizás por eso no quieres hacerme sentir mal y por eso si la conversación se tuerce hacia temas incómodos en los que se ven envueltos nuestros respectivos sistemas límbicos, miras al suelo o a algo más profundo que el suelo, algo que queda entre tu mirada y el infierno, y entonces sólo sabes apagarme la mecha. Y quizás por eso nos quedamos sin fuegos artificiales.