lunes, 16 de junio de 2008

Ajedrez

La guerra comenzó. Nadie sabía la razón, pero ya se sabe que en estas cosas la razón es lo de menos. Primero fueron sutiles amenazas, tropas asentadas a las afueras, fumando cigarrillos mientras esperaban la hora de entrar en acción. Una señal, cualquier cosa bastaría, una amenaza, la caballería misma que rondaba en torno a la base militar. Así que mataron a los jinetes. Y se comieron a los caballos. Represalias enemigas: la base es destruída por la artillería pesada. Intercambio de muertes a lo largo del tiempo. Los comandantes miran sus relojes, la cuenta atrás hacia el fin del mundo. Ninguno quiere que el reloj llegue a cero. Apuntan cada movimiento táctico en sus papeles, analizan la situación mientras los soldados mueren, mueren, mueren. Hasta que sólo quedan los comandantes. Se miran a los ojos. Dicen: tablas. Los dos jugadores se dan la mano. El sudor de tanta muerte pasada se concentra en el espacio virtual que queda entre las palmas. Se van, abandonan al tablero en medio del silencio. Y las piezas ya no se mueven. No se mueven más.

sábado, 14 de junio de 2008

Quise ser definitivo
pero sólo alcancé la vulgar tristeza de los hombres.

viernes, 13 de junio de 2008

Funeral

He estado días y noches (sobre todo noches, durante el día tenía también otras ocupaciones) cavando una fosa común para enterrar mis sueños. Y bueno, ahora que he terminado me he dado cuenta de que me ha quedado demasiado grande para tan poco que sepultar. En fin, mejor que sobre que que falte. He de reconocer que cavar ha sido lo bastante entretenido como para no tener que pensar en nada más que en el agujero, como si hubiera exiliado su finalidad durante el proceso, simplemente la fosa y yo, nada más, así todo fue más sencillo, puede que incluso empezara a cavar sin saber siquiera para qué. Quizás por eso me ha quedado tan grande. Ahora viene la peor parte. He ordenado mis sueños por tamaños, cada uno dentro de su pequeña caja negra (porque los sueños viven dentro de cajas negras). Alguno debe haber muerto hace ya mucho tiempo porque aquí huele a putrefacción y a lágrimas y a comida olvidada en el frigorífico durante meses. Otros siguen vivos y se agitan y gimen, mientras que otros aceptan su destino, en silencio: sus cajas están tan quietas. Así que los voy cogiendo y arrojando al hoyo, llueven cajas negras dentro de la tumba y es como si cada caja que se hunde en el fondo me arrancara un trozo de carne, arrastrándolo con ella a la nada. Poco a poco voy tirando todas las cajas negras, soportando sus mordiscos dentro de lo posible. Al acabar y disponerme a tapar todo el montón, me sube un escalofrío al mirar la fosa. Estoy más ahí dentro que aquí fuera. Y las cajas se ríen de mí.

jueves, 12 de junio de 2008

Oportunidades

Siempre hay una ventana por la que se puede saltar. Todos somos suicidas en potencia. Pero o no nos damos cuenta o somos unos miserables cobardes. O las dos cosas.

miércoles, 11 de junio de 2008

Opinión de un difunto

La vida es una pérdida de tiempo.

martes, 10 de junio de 2008

Musas

Cualquier día puedes perder la inspiración. Hay quien dice tener razones para ello, hay quien lo disfraza de razones cuando no son más que excusas. Esa gente que se esconde debajo de un cliché mientras asiste al espectáculo de la esterilidad. Mientras tanto otros hablan de que se les han ido las musas. Y yo pienso en las musas como si fueran una metáfora de las drogas. Es en esos momentos cuando paso a ser un drogadicto más. Sin excusas que ofrecerte. Un yonqui con un mono de muerte. Pidiéndote limosna para comprar un poco de inspiración. Al menos no pongas cara de asco.

sábado, 7 de junio de 2008

Apuntes

Es como resolver un jeroglífico subrayado con rotuladores fosforitos. Criptografía sin destinatario. Los cuadernillos Rubio yacen por el suelo, se arrastran y desangran. Te cagas en el tipo que haya escrito esa mierda. Definitivamente algo no va bien. Ni siquiera reconoces tu propia letra.

jueves, 5 de junio de 2008

La reconstrucción

L. tenía la manía de dejar las frases condicionales a medias. Estando todos tan tranquilos, en un ambiente completamente distendido, era en esos momentos cuando de pronto ella nos importunaba con alguna frase como: si algún día me pasara algo malo. Y lo dejaba ahí colgando. Y entonces mirábamos a L., o quizás es que mirábamos a la frase, la cual había irrumpido en medio de nosotros mutilada, incompleta, una frase como una Barbie sin cabeza. Le pedíamos a L. que por favor acabara la frase, pero ella se revolvía con su melena rizada en el sofá, apretaba los labios y respondía que en cierto modo ya estaba acabada. Pero la frase seguía ahí, se sentaba junto a nosotros y lloraba, nosotros la consolábamos en nuestros adentros y nos imaginábamos posibles prótesis con las que curarla. Y ahí se quedaba, estancada, jodiéndonos la velada. Obligándonos a un silencio reflexivo, a reconstruirla, cada uno a su manera. Si algún día me pasara algo malo me gustaría que estuvierais a mi lado, decía Q. Si algún día me pasara algo malo probablemente me lo merezca, se lamentaba J. Si algún día me pasara algo malo espero que se solucione, dije yo, y poco a poco el cuarto se iba llenando de frases condicionales, frases que cada uno revelaba una vez había decidido lo que había que añadir. Como un puzle sin final. Y todo tenía algo de ritual, de explicación: de esto es lo que hay que hacer con tus frases, L.
Y la pequeña L. sonreía divertida enredando su dedo índice en un bucle de pelo infinito, mientras pensaba para sí: si dijera todo lo que pienso, si pensara todo lo que digo.

miércoles, 4 de junio de 2008

Hipótesis

Podría ser en un pub, de madrugada. Dentro de unos cuantos años. Yo, atontado por la bebida. Ella, bailando en la pista, relativamente sobria y luchando en vano contra el paso del tiempo: contra las arrugas de haber perdido tantas sonrisas y contra la celulitis que crece, lenta y truculenta, tapizando las nalgas sin pedir permiso (y eso es lo más terrible, que nadie le ha pedido permiso). Yo estaré solo. Un punto negro en medio de un folio en blanco. Pediré en la barra una copa de más. Parece mentira que a esa edad todavía no sepa cuándo debo dejar de beber e irme a dormir. Moviendo mi cabeza al compás de la música, como un muelle enloquecido, con los ojos apenas abiertos. No repararé en su presencia hasta que logre levantar mis párpados, más pesados que de costumbre por obra y gracia del alcohol, para echar un vistazo al mundo exterior. Y en medio del local se cruzarán nuestras miradas como un choque de trenes. Sangre y vasos de tubo volando por los aires. Que alguien llame a una ambulancia. Después, el saludo inevitable de los reencuentros: qué es de tu vida, te veo muy bien, diré. Tú también estás muy bien, mentirá, perdiendo otra sonrisa más conmigo. Reconstruiremos verbalmente nuestras vidas, intentando hacer que parezcan interesantes a base de anécdotas pegajosas. Y de hecho nos parecerán interesantes, o al menos fingiremos que nos lo parecen. Seguidamente me presentará a sus acompañantes. No les caeré bien o no me caerán bien, qué más da. El caso es que me entrará mucha prisa por irme de allí. La definición de incomodidad. Surgirán las oportunas mentiras para sellar una despedida amistosa. Bueno, me tengo que ir. A ver si nos vemos más. Claro, pásalo bien. Así será mucho menos trágico. Como si todo esto nunca fuera a pasar.

domingo, 1 de junio de 2008

11-S anacrónico

Hay edificios sangrando. Cuerpos cayendo desde lo alto. Como colillas contra el asfalto. Y nadie sabe qué hacer. Mientras, todo se deshace.
Dios no jugará a los dados, pero el tetris se le da de muerte.